Una de las festividades religiosas más coloridas y atrayentes del país, es sin lugar a duda el Corpus Christi cuencano. Se tiene conocimiento que esta fiesta en honor al “Santísimo” o Jesús Sacramentado, se instauró ya desde el primer año de fundación de la ciudad como una de las principales celebraciones religiosas a la que se le empezó a llamar “Fiesta de la Ciudad”.
¿Cómo se celebra actualmente el Corpus?
En la actualidad, la tradición popular en Cuenca es festejar al Santísimo por siete noches, los siete amaneceres en los que permanece la Sagrada Hostia en exhibición (de ahí el nombre “Septenario” con el que se conoce a esta fiesta). En los festejos populares que se llevan a cabo en el parque central; se tiene la venta de dulces tradicionales en las inmediaciones del lugar durante todo el día, de ahí su nombre como la Fiesta más dulce del mundo. En las noches se da un colorido despliegue de pirotecnia que incluye todo tipo de fuegos de artificio y cuyo centro, es siempre el castillo que es una estructura de carrizo y papel de seda con más de cuatro metros de altura. El momento más esperado de la noche, es la quema del mismo, la cual es siempre espectacular: luces de colores que giran deslumbrantemente y fuegos pirotécnicos que salen disparados por doquier.
La coordinación y los gastos de los agasajos tanto populares como religiosos, corren por cuenta de los priostes, los mismos que antiguamente eran agricultores o comerciantes adinerados.
En la actualidad, numerosas familias, instituciones y empresas públicas o privadas, son las que año a año ofrecen su contribución para dar continuidad a esta tradición.
Testimonio: En Cuenca amamos nuestras tradiciones
Durante el Corpus Christi en Cuenca, en el corazón de los Andes ecuatorianos, una rica tradición culinaria se despliega en forma de dulces típicos, un legado de fe y herencia familiar que endulza la festividad. En cada rincón de la ciudad, se cocinan dulces variados y vibrantes, cada uno con su propia historia y receta única. Desde rosquillas y turrones hasta quesitos y quesadillas, estos dulces no solo deleitan al paladar, sino que simbolizan la unidad y la generosidad de la comunidad. Las calles se convierten en un paraíso colorido para los amantes de los dulces, atrayendo tanto a locales como a visitantes. Cada bocado más que dulzura, refleja la historia de una ciudad que celebra sus tradiciones culinarias, el esfuerzo dedicado en la preparación de cada dulce y el espíritu festivo de la celebración.
La magia del fuego y la luz se entrelaza con las tradiciones en la ciudad de Cuenca, en las laderas de los Andes, gracias a los pirotécnicos que, generación tras generación, han perfeccionado su arte. La pirotecnia cuencana es más que un espectáculo, es un lenguaje de luz que une a la comunidad y marca los momentos memorables. Cada fuego artificial es una historia contada con paciencia, dedicación y pasión, iluminando el cielo con una sinfonía de luz y sonido. No son solo creadores de espectáculos, sino arquitectos de recuerdos luminosos. La pirotecnia es la melodía de las festividades, un testimonio de la belleza y alegría de vivir en Cuenca. Así que, cuando veas las luces danzando en el cielo oscuro, recuerda el amor y la dedicación de los artesanos que crearon ese instante mágico.
"Los dulces de Corpus Christi en Cuenca son más que una delicia sensorial, son un hilo vital en el rico tapiz cultural de la ciudad, dejando recuerdos tan dulces e inolvidables como Cuenca misma".
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